Nos últimos meses o crescimento em importância do Brasil vem causando um certo “soul-seeking” em nuestros hermanos além-fronteira.   Textos como esse, por exemplo, têm sido comuns na imprensa argentina:

Brasil ha tenido también una mayor organización estratégica que la Argentina en los últimos 70 años, una mayor continuidad y una mejor apreciación de lo que podían ser las tendencias internacionales. Por ejemplo, mientras la Argentina se alineó con el eje Berlín-Roma en la segunda guerra mundial, Brasil lo hizo con los aliados, básicamente con Estados Unidos. Al finalizar la guerra, ese posicionamiento le dio a Brasil una mejor penetración internacional que le permitió ganar posiciones en el liderazgo latinoamericano, prácticamente monopolizado hasta 1940 por la Argentina.”

Mas é claro que o espírito altivo e orgulhoso dos hermanos teria que dar o troco.  E eis que saem dois artigos bem, digamos, críticos ao Brasil, no jornal portenho La Nacion: um na coluna “La Ciencia Maldita“, intitulado “No somos Brasil: por suerte” da autoria Lucas Llach, um economista que queria ser jogador de futebol; e outro assinado por Julio Sanguinetti, ex-presidente do Uruguai.

Como bem diz o Lucas, o artigo do ex-presidente é mais educado do que o dele.  Exemplo:

Gran marketing el de Brasil. Sus playas están buenas, pero no te dicen que llueve todo el tiempo. Sus legendarias garotas están sobredimensionadas (uso la palabra en un sentido conceptual y físico). Salvo por los licuados, su comida es penosa — la Lonely Planet dice: “From the rice-bean-farofa core, meals go in one of three directions: meat, chicken or fish”. La principal ruta del país (BR-101) tiene más pozos que el lado oscuro de la luna. La corrupción y el clientelismo políticos no son menores que aquí. Y sí, lo digo: su equipo de fútbol es normalmente mejor que el nuestro, pero el de hoy es peor que cualquier selección brasileña que recuerde salvo la del mundial 90.

Um parágrafo que, convenhamos, faz uma crítica até então tentativamente séria (se bem que a comparação do crescimento per capita chileno, brasileiro e argentino é forçada, por razões óbvias) se transformar na tradicional dor-de-cotovelo.  Vamos apresentar o Lucas ao Mainardi?  Pode sair daí uma linda relação.

Já no texto do Sanguinetti, recolho essa frase curiosa:

En el plano de la integración, el Mercosur está absolutamente estancado y no va para ningún lado; ni se han logrado acuerdos externos ni se ha mejorado en la coordinación macroeconómica. Los fallos de los tribunales se cumplen caprichosamente, y el conflicto diplomático entre la Argentina y Uruguay testimonia inequívocamente que el socio mayoritario no ejerce el poder moderador que le impone su condición. Es entristecedor que dos países tan vecinos que nadie de afuera puede distinguir a los ciudadanos de un lado y del otro del Plata esperen la resolución de sus diferencias en un tribunal, en La Haya.” [grifo meu]

Para quem não sabe, Argentina e Uruguai alimentam já há alguns anos um contencioso forte envolvendo a construção de duas fábricas de celulose no Rio da Prata.  O curioso é Sanguinetti se queixar da falta de uma mediação brasileira em assunto tão interno lá deles _ e ao mesmo tempo nos criticar por nos imiscuirmos nos negócios hondurenhos.   É o tal negócio, se ficar o bicho pega, se correr…

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UPDATE:

Fiquei lendo os comentários à coluna do Lucas.  É engraçado como é grande a participação de brasileiros.  Que eu me lembre, não há muitos argentinos comentando em jornais brasileiros.  Bom, talvez houvesse se algum grande jornal brasileiro publicasse um artigo similar sobre a Argentina…

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UPDATE 2:

Agora é que eu vi: e ele continua a série…vou recomendá-lo ao Tio Rei!